El humanismo es una corriente filosófica que pone especial importancia a los intereses, valores y dignidad humanas, y aduce que la problemática de la humanidad se resuelve mediante el razonamiento humano, la lógica, la experiencia humana, la evidencia y la capacidad innata del ser humano de discernir entre el bien y el mal (para una mayor explicación sobre la ética humanista, véase la sección de ‘Opiniones’, la parte denominada ‘Ética / Moral’). La adición de la palabra ‘secular’ implica que no tomamos en cuenta la revelación divina al considerarla no-existente y rechazamos la noción de que la forma de vida en sociedad debe ser dictada por algún ser sobrenatural o divino. Secular implica también que abogamos por la separación entre la religión y el gobierno (el Estado secular).

Para una mejor explicación, vamos a citar la definición de Stephen Law en su libro ‘Humanism’ y nos vamos a basar en él más adelante. Law divide el humanismo secular en 7 conceptos fundamentales:

  1. La ciencia y la razón son herramientas invaluables que pueden ser aplicadas a todos los ámbitos de la vida. Ninguna creencia o fe está protegida o por encima del escrutinio y crítica racional.

  2. Los humanistas son por lo general agnósticos o a veces ateos. Son escépticos acerca del dios cristiano o dioses en general. También acerca de ángeles, demonios y otros seres sobrenaturales. 

  3. Los humanistas no creen en el cielo, infierno o purgatorio, y en su mayoría tampoco creen en la reencarnación, sino que esta vida es la única que tenemos y hay que aprovecharla. Esta posición escéptica no es dogmática de fe, sino el resultado de haber sometido dichas creencias sobrenaturales al escrutinio crítico y concluido que no se sostienen. 

  4. El humanismo está comprometido con la importancia del valor moral. Los humanistas creen que la ética debe respaldarse de bastante estudio acerca de la naturaleza humana y aquello que puede ayudarnos a progresar y florecer en este mundo. Los humanistas rechazan el concepto de que no puede haber moral sin un dios, y el concepto de que no puede haber bondad en el ser humano sin una religión que lo guíe. Los humanistas ofrecen justificaciones morales y argumentos basados en conceptos que no toman en cuenta a la autoridad religiosa o el dogma.  

  5. El humanismo enfatiza nuestra autonomía y responsabilidad moral individual. Hacer juicios morales es nuestra responsabilidad y debemos tomarla en lugar de endilgarla a una autoridad externa (como un líder político o religioso) que haga esos juicios por nosotros. Los humanistas abogan por técnicas de educación moral que enfaticen esta responsabilidad, nos armen con las habilidades que necesitamos para desarrollarla, y que promuevan el pensamiento crítico e independiente. 

  6. Los humanistas creen que nuestras vidas tienen sentido sin necesidad de que éste haya sido dispuesto por un dios, y que somos nosotros quienes le damos sentido. Las vidas de personajes como Da Vinci, Einstein, Kant o Tchaikovsky fueron significativas, ricas y con mucho sentido para la humanidad haya un dios o no. 

  7. Los humanistas son secularistas, en el sentido que favorecen una sociedad abierta y democrática en donde el Estado mantiene una posición neutral con respecto a la religión y donde éste protege la libertad de sus ciudadanos para apoyar, unirse, rechazar y criticar creencias religiosas o no-religiosas. Los humanistas se oponen a la coerción religiosa, así como también a la coerción anti-religiosa (como la que sucedió en ciertos Estados totalitarios del siglo XX) y abogan por la libertad de pensamiento y de expresión.

El humanismo no se preocupa sólo del bienestar de los seres humanos. Creemos que el bienestar de otras especies es también importante, así como el cuidado de la naturaleza y el planeta, el cual consideramos nuestro hogar. Los humanistas no creemos en el consumo desmedido, pues somos conscientes de que el planeta tiene recursos finitos, y de que los humanos tenemos la capacidad de destruirlo si no encontramos maneras sostenibles de suplir nuestras necesidades. Como humanistas además, creemos que dañar la biósfera constituye una agresión indirecta contra otros seres humanos en otras partes del planeta, pues esto los perjudica y pone en riesgo su integridad de diversas maneras.       

Stephen Law pone el concepto del humanismo muy claro cuando explica que los religiosos son escépticos sobre las creencias en muchos dioses (Júpiter, Shiva, Zeus o Ra); los humanistas sólo van un paso más allá y cuestionan las creencias en ‘uno o dos más’.

Los seres humanos debemos hacer nuestros propios juicios morales y no delegarlos a autoridades o religiones en gran parte porque corremos el riesgo de convertirnos en un arma manipulada por dicha persona o institución. Sería inmoral absolvernos de responsabilidad por una acción nefasta y endilgarla a quien decidió por nosotros; dicha responsabilidad siempre nos rebota y por ende, debemos pasar por nuestra cabeza todo juicio moral y armarnos con el conocimiento para no depender de terceros. Hacer nuestro propio juicio basado en nuestro compás moral individual es esencial aunque hayamos decidido seguir a algún experto, libro o religión, y esto es cierto para religiosos, ateos y humanistas.   

El humanismo apela a las grandes preguntas de la vida como: ¿qué es real?, ¿qué es moralmente bueno o malo y por qué?, ¿qué le da sentido a la vida? y ¿cómo podemos ordenar mejor nuestra sociedad? Estas preguntas son normalmente examinadas desde un punto de vista religioso, pero la religión no posee un monopolio sobre ellas. La filosofía crea el ámbito más adecuado para examinar dichas preguntas, las cuales ya estaban siendo estudiadas y contestadas mucho antes del cristianismo. Las posibles respuestas del humanismo secular a estas preguntas no son dogmáticas, sino que tras haberlas sometido al escrutinio racional, se ha determinado que dichas posiciones son las más razonables de adoptar, y por supuesto, es posible que sean corregidas o cuestionadas.  

Los humanistas y los religiosos no concuerdan en muchos temas fundamentales, pero existen una infinidad de temas en los que sí concuerdan, y en muchas ocasiones trabajan juntos para lograr objetivos comunes.